‘Shame’, exposición fotográfica y testimonios que denuncian el abuso infantil en Europa

El proyecto Shame no se ha olvidado de las “niñas o niños robados” o irregularmente adoptados. La cuestión no es el olvido, sino el contexto del enfoque. Y el contexto de los tres retratos de la muestra que guardan relación con esta ignominia corresponde a la madre de una “bebé robada” en una maternidad en Serbia, a una víctima de adopción forzosa en Holanda y a un anciano que, siendo un niño, fue sustraído de su hogar durante la II Guerra Mundial. Es decir, en Europa, en lo que a robo de criaturas se refiere, el Estado español brilla por su ausencia.
shame
– ‘Shame’, una exposición de fotografías y testimonios que denuncian el abuso infantil en Europa.

Shame es el título de una exposición de fotografías y testimonios que denuncian el abuso infantil en Europa. Casi un centenar de víctimas comparten su historia en una muestra que ha iniciado su itinerancia en Bilbao, en concreto en el Museo de Arte Sacro del Obispado de la Villa, a través de una selección de retratos del galardonado fotógrafo italiano Simone Padovani. Veintitantas fotografías en blanco y negro que se pueden contemplar hasta el 15 de marzo también en las estaciones de metro de Indautxu y de Moyua.

El objetivo de este ambicioso proyecto, promovido por la Fundación Guido Fluri dentro de la campaña europea Justice Initiative, es triple: se trata de prevenir, reconocer y reparar al conjunto de víctimas del maltrato infantil y del abuso en la infancia sin que existan fronteras. A bote pronto, el asunto promete: la visibilización de este crimen de dimensiones pandémicas es un primer paso. Sin embargo, Shame, en Bilbao y, por extensión, en Madrid y Barcelona (próximas sedes de la itinerancia), es una exposición que ha contribuido a oscurecer lo invisible. Un trabajo de denuncia que, lejos de iluminar, ha colocado el foco para que la luz impida percibir la sombra de un colectivo muy concreto de niñas y niños (hoy personas adultas) víctimas de un crimen que también transfiguró su infancia. En este sentido, Shame es, como su propio nombre indica, una verdadera vergüenza.

—¿Una vergüenza? —se preguntará el lector o lectora.

Una VERGÜENZA mayúscula porque, entre la selección de rostros fotografiados, el público no podrá descubrir ninguna víctima del “robo de bebés” perpetrado en el Estado español. El proyecto Shame no se ha olvidado de las “niñas o niños robados” o irregularmente adoptados. La cuestión no es el olvido, sino el contexto del enfoque. Y el contexto de los tres retratos de la muestra que guardan relación con esta ignominia corresponde a la madre de una “bebé robada” en una maternidad en Serbia, a una víctima de adopción forzosa en Holanda y a un anciano que, siendo un niño, fue sustraído de su hogar durante la II Guerra Mundial. Es decir, en Europa, en lo que a robo de criaturas se refiere, el Estado español brilla por su ausencia. En cambio, como paradigma del abuso en la infancia cometido en España, se recogen cuatro miradas de abusos sexuales, tres de ellos en el ámbito eclesiástico y uno en el deportivo. Cuatro testimonios de un crimen atroz que, en lo que concierne a la Iglesia española, sabemos afecta a un número incalculable de criaturas, de víctimas que han sido silenciadas durante décadas. Cuatro presencias necesarias y, en cambio, el silencio más absoluto, ni una sola voz de las decenas de miles de niños y niñas que, en nuestro país, en dictadura y hasta bien entrada la democracia, fueron arrancadas de sus familias biológicas y reubicadas en otras por motivaciones políticas, morales, socioeconómicas y, por supuesto, de género. Un enorme colectivo de criaturas despojadas de su identidad en un Estado que, por activa o por pasiva, ha jugado un papel cómplice en el discurrir del delito.

Una exposición, Shame, que muestra y oculta, y un momento en el que, tras un estancamiento de dos años y medio, se ha desbloqueado la Proposición de Ley sobre “bebés robados” en el Estado español. Gracias al trabajo y perseverancia de las organizaciones promotoras (CeAqua, Todos los niños robados son también mis niños y Amnistía Internacional), a las entidades que apoyan esta iniciativa y a la presión ciudadana, se ha conseguido movilizar a una parte de la izquierda española tradicionalmente temerosa de afrontar la memoria histórica con todas sus consecuencias. Nos encontramos en el último tramo de una legislatura que cuenta con la aritmética parlamentaria favorable (algo que no sabemos si se mantendrá en un futuro próximo) para aprobar una norma imprescindible para abordar un crimen sin parangón en nuestra historia. Una iniciativa como Shame debería contribuir a combatir el olvido y el borrado de este colectivo de víctimas y, sobre todo, de grandes luchadoras.

Cristina Gutiérrez Meurs es artista, escritora y activista. Máster en Estudios Feministas y de Género (Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea)

Artículo publicado en República.com

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